«Aunque hoy conozcamos la enorme transcendencia del marxismo en lo tocante a la cuestión nacional, éste tampoco estuvo exento de errores iniciales a la hora de formular la cuestión. Las conclusiones que hoy conocemos son fruto de la superación de contradicciones iniciales en el propio movimiento. En su juventud, Marx y Engels estuvieron influenciados por la teoría de los «pueblos sin historia». ¿Acaso debemos olvidar que la tesis de los «pueblos sin historia» fue cocinada para satisfacer al nacionalismo alemán emergente con el fin de justificar su expansión en detrimento de los pueblos eslavos y otros como el magiar? ¿No es cierto que nació para justificar las conquistas coloniales europeas?:
«China y la India se hallan todavía, por decirlo así, fuera de la historia universal; son la suposición de los momentos cuya conjunción determina el progreso viviente de la historia universal». (G. W. Friedrich Hegel; Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, 1830)
Pongamos otro ejemplo:
«El que quiera conocer manifestaciones terribles de la naturaleza humana, las hallará en África. Lo mismo nos dicen las noticias más antiguas que poseemos acerca de esta parte del mundo; la cual no tiene en realidad historia. Por eso abandonamos África para no mencionarla ya más. No es una parte del mundo histórica; no presenta un movimiento ni una evolución, y lo que ha acontecido en ella, en su parte septentrional, pertenece al mundo asiático y europeo. (...) Lo que entendemos propiamente por África es algo aislado y sin historia, sumido todavía por completo en el espíritu natural, y que solo puede mencionarse aquí, en el umbral de la historia universal». (G. W. Friedrich Hegel; Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, 1830)
Esto, por desgracia, era una nota común en la mayoría de pensadores avanzados de esta época. En España, pensadores como Larra promulgaban barbaridades análogas:
«Razón han tenido los que han atribuido al clima influencia directa en las acciones de los hombres; duros guerreros ha producido siempre el norte, tiernos amadores el mediodía, hombres crueles, fanáticos y holgazanes en Asia, héroes la Grecia, esclavos el África. (…) Cada país tiene sus producciones particulares». (Mariano José de Larra; La planta nueva o el faccioso. Historia natural, 1833)
«China y la India se hallan todavía, por decirlo así, fuera de la historia universal; son la suposición de los momentos cuya conjunción determina el progreso viviente de la historia universal». (G. W. Friedrich Hegel; Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, 1830)
Pongamos otro ejemplo:
«El que quiera conocer manifestaciones terribles de la naturaleza humana, las hallará en África. Lo mismo nos dicen las noticias más antiguas que poseemos acerca de esta parte del mundo; la cual no tiene en realidad historia. Por eso abandonamos África para no mencionarla ya más. No es una parte del mundo histórica; no presenta un movimiento ni una evolución, y lo que ha acontecido en ella, en su parte septentrional, pertenece al mundo asiático y europeo. (...) Lo que entendemos propiamente por África es algo aislado y sin historia, sumido todavía por completo en el espíritu natural, y que solo puede mencionarse aquí, en el umbral de la historia universal». (G. W. Friedrich Hegel; Lecciones sobre la filosofía de la historia universal, 1830)
Esto, por desgracia, era una nota común en la mayoría de pensadores avanzados de esta época. En España, pensadores como Larra promulgaban barbaridades análogas:
«Razón han tenido los que han atribuido al clima influencia directa en las acciones de los hombres; duros guerreros ha producido siempre el norte, tiernos amadores el mediodía, hombres crueles, fanáticos y holgazanes en Asia, héroes la Grecia, esclavos el África. (…) Cada país tiene sus producciones particulares». (Mariano José de Larra; La planta nueva o el faccioso. Historia natural, 1833)



